A la vez me siento un poco como las hojas de la planta, que lentamente se fueron torciendo hacia la poca luz que esa lámpara de fabricación propia tira cuando recuerdo, o, mejor dicho, me dan ganas de prenderla, en vez de ir hacia arriba, donde la iluminación es constante.
¿Será que los colores confunden y, con su atractivo, dan la ilusión de que es el camino correcto?

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