Tener un día malo es feo, tener muchos días malos juntos es un horror. Sobre todo, si no estás en tu casa, o si el detonante es gente de quien no lo esperabas. Ayer, por ejemplo, me dijeron algo que nunca me había puesto a pensar, y me hizo sentir muy tonta, pero, al mismo tiempo, me abrió los ojos de una manera que agradecí.
Y si, es verdad, a veces me sobrecomunico, o no sé cómo actuar, porque, aunque tenga casi treinta y ocho años y esté más cerca de los cuarenta que de los treinta, sigo llorando como una nena de cinco cuando algo me descoloca, pasan cosas que no puedo controlar, la intuición me lleva a descubrir cosas que no necesariamente quería saber, o simplemente se juntan los días malos con el SPM, el calor, un ventilador roto y un alma que, a esta altura, de tan frágil es invencible.