Acepté una cita con vos, parecías normal, políticamente correcto, vivías solo y eras también un poco nerd.
¿Que tiene de malo? Pregunté, intentando comprender la situación. No entendías como se podía ser profesional de lunes a viernes, y pasional fuera de horario de oficina, que una bibliotecaria no era solo una señora aburrida detrás de un escritorio.
Amablemente, me despedí de vos, casi pidiendo perdón, con las siguientes palabras:
Si no puedo ser yo, entonces no quiero ser nada.


