Hoy, mientras volvía de trabajar, pensaba en todas las veces en que alguien se sorprendió por un comentario salido de mi boca, que parecía más adecuado al que habría hecho un camionero antes que una señora bibliotecaria.
¿Acaso una profesión implica tener una mente más o menos sucia según corresponda socialmente? ¿O simplemente es el hecho de que, por ser mujer, no puedo expresarle a alguien las ganas que tengo de sentarme en su cara como si estuviera hablando del clima?
Cómo sea, tendrán que seguir sorprendiéndose, porque yo no cambiaré mi parecer, ya estuve callada durante demasiado tiempo para satisfacer a quien tenía al lado, hoy a la única persona que quiero complacer es a mí (y, si en ese camino, me cruzo a alguien que no se espante, mucho mejor).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario