Nunca me había puesto a pensar en esa pregunta típica y peligrosa de ¿que tiene ella que no tenga yo? Hasta que, tomando un café, mencionaste algo que me tiró todas las respuestas de golpe, y tuve que contenerme para ocultar lo tan punzante que fue escucharlo.
Seguí tomando mi café como si nada pero, cuando llegué a casa, un mar de lágrimas brotó de mis ojos con tanta fuerza, que me hizo pensar que, claramente, estos días estaban siendo peor de lo que imaginaba y, esas palabras, el disparador de una bomba de energía tan negativa que, definitivamente, es más grande y peligrosa de lo que esperaba.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario