Desde que tengo conciencia el día de mi cumpleaños, históricamente, siempre pasó algo: de treinta y seis años, recuerdo treinta lluvias, una inundación, una internación por un brazo roto, cortes de luz... incluso un par de intoxicaciones por comida, hasta ahí, nada fuera de lo común (excepto, claro está, la enorme cantidad de lluvias).
Hoy me di cuenta que, además, tres últimos besos que recibí, fueron ese día ¿habrá sido casualidad? ¿habrá sido causalidad? ¿o será una señal de que no debo besar a nadie el día de mi cumpleaños?
Quizás el año próximo lo tenga en cuenta o lo olvide por completo ¿algo seguro? si vuelve a suceder, definitivamente estaría en condiciones de afirmar que, la maldición de la lluvia, fue reemplazada por la de los últimos besos.
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